PSICOLOGÍA EN CHAMBERI

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NO OLVIDES TU CUERPO EN LA PSICOTERAPIA

NO OLVIDES TU CUERPO EN LA PSICOTERAPIA


Aunque no se puede generalizar, los que estamos dentro de una consulta de psicoterapia ya sea el paciente o el profesional, nos solemos centrar en lo mental, en lo psicológico, como no podría ser de otra manera.

Sin embargo, el malestar psicológico tiene su reflejo en el cuerpo, en lo somático, y viceversa. Es decir cuando no nos encontramos bien físicamente, tiene un impacto directo en como nos sentimos, y cuando estamos en estados depresivos, ansiosos, estrés, etc.  siempre, indiscutiblemente, tiene su espejo en el cuerpo.

Entonces, ¿cuánto tiempo has dedicado a hablar con tu psicoterapeuta de cómo cuidar también el reflejo somático de tu malestar psicológico?

En este contexto, hay que fijarse al menos unas mínimas metas corporales para consolidar una recuperación psicológica, porque sino al final del proceso, el malestar tendrá otra manifestación. Taparemos un agujero, pero la gotera saldrá por otro sitio.

Hay unos mínimos exigibles en un proceso terapéutico:

  1. El sueño. No es importante que una persona duerma, es URGENTE. Tenemos la necesidad de tener un cerebro descansado, con ciclo sueño-vigilia saludable. Todo proceso psicológico por simple o complejo que sea está soportado en el cerebro. Por tanto, si tenemos un cerebro desregulado en la faceta del descanso, no es posible consolidar una mejoría psicológica.
  2. Actividad física. En la medida que cada uno pueda tiene que hacer ejercicio físico, ya sea lo más básico como pasear o machacarte en el gimnasio.
  3. Que te dé el sol, que estamos en España. No un sol para quemarte la piel, pero sí para absorber mucha vitamina y vitalidad, tan saludable y gratuita.
  4. Alimentación saludable. Recuperar una dieta mediterránea rica en todos los nutrientes de la pirámide nutricional, con especial control del azúcar y grasas.

No es un proyecto muy complicado, pero si necesario si buscamos la senda del equilibrio.

Pide a tu psicoterapeuta que cuide también tu cuerpo.

 

Fdo. María Elena Amo

¿PORQUE TENGO QUE IR AL PSICOTERAPEUTA SI NO TENGO NINGÚN PROBLEMA MENTAL?

¿PORQUE TENGO QUE IR AL PSICOTERAPEUTA SI NO TENGO NINGÚN PROBLEMA MENTAL?

Es una pregunta sencilla, que muchas personas se hacen antes de decidirse a llamar a un psicoterapeuta. Son personas como tú, que no tienen un trastorno mental, no están deprimidos, no tienen ansiedad, bueno algo de estrés porque estamos en el siglo XXI en el primer mundo, no tienen una visión distorsionada del mundo, comen bien, duermen mejor, …, tan sólo es que llevan una época un poco rara, no están felices, no consiguen sentirse satisfechas, no sé, supongo que ya se me pasará, se suelen decir.

¿Verdad que esto lo hemos pasado todos? Es decir, no me pasa nada, pero me siento en un momento sin sentido.

Nos encontramos en situaciones donde notamos que nuestra vida está limitada. Esa sensación se repite en el tiempo y no vemos la forma de cómo acabar con esto. Esta limitación de nuestra vida puede ser en todas las áreas o en parcelas particulares como puede ser la pareja, el trabajo, los amigos, la familia, etc.

Antes de acudir a la consulta de un profesional, hemos intentando solucionar la situación por nosotros mismos, pero no encontramos los recursos adecuados para afrontarlo. Además todo esto suele ir acompañado con la frase “no tengo derecho a quejarme, porque en mi vida toda va bien, tengo trabajo, tengo salud, bla, bla, bla…”

Si estás dentro de este círculo vicioso que no sabes cómo romper, ya es motivo suficiente para hacer un proceso de coaching o psicoterapia.

El psicoterapeuta simplemente te ayudará en entender cuáles son las palancas de tu malestar, para que puedas implementar las acciones necesarias para cambiar el rumbo y para que los muros que te están limitándote empiecen a caer.

Por supuesto, si además estás en cualquiera de las siguientes situaciones, la decisión de buscar a un psicoterapeuta se convierte en urgente:

  • Sensación de falta de control en el día a día
  • Empieza a somatizar (Diversos dolores, en función de las características de cada persona) o a tener ataques de ansiedad (presión en el pecho, aceleración del ritmo cardiaco, hiperventilación o respiración muy superficial y acelerada, sudoración...).
  • Tener emociones que no queremos como llanto, rabia, angustia, tristeza, desolación, sentimientos de impotencia, desesperanza...
  • Se encuentra en una situación límite, que no sabe resolver con la pareja, hijos o trabajo.
  • Está lleno de pensamientos negativos, catastrofistas, obsesiones o fijaciones... que le impiden vivir la vida con normalidad.
  • Desea que la vida se acabe y siente que no tiene sentido su papel en este mundo.
  • Piensa que todo el mundo está en su contra.
  • Tiene grandes dificultades para descansar, conciliar el sueño, desconectar de situaciones, y no puede vivir la vida con normalidad.

 

Fdo. María Elena Amo

LA INVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS MENTALES

LA INVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS MENTALES

¿ESCUCHANDO AL FÁRMACO O AL PACIENTE?

Para escribir este post tomo prestado dos títulos que están muy relacionados aunque están concebidos en dos ámbitos totalmente diferentes:

1).El título del libro LA INVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS MENTALES, ¿ESCUCHANDO AL FÁRMACO O AL PACIENTE? de Héctor González Pardo, doctor en Biología, y de Marino Pérez Álvarez, doctor en Psicología.

2).Y la campaña de comunicación del Servicio Extremeño de Salud (SES) del junio de 2014, “NO MEDICALICES CUALQUIER SITUACIÓN” “ES LA VIDA, NO UNA ENFERMEDAD”

Si trabajas en sector sanitario y en concreto en salud mental, es altamente recomendable leer el libro que reseño arriba. Desde mi punto de vista es una reflexión brillante reflejada también en la campaña de comunicación del SES, aunque sea otro ámbito de divulgación, ya que ambas lo que denuncian es la trasformación de las emociones de la vida cotidiana en trastornos mentales.

Como dirían Héctor González y Marino Pérez en la introducción de su libro:

“El tema de este libro es, en primera instancia, el desenmascaramiento de las prácticas clínicas, tanto de la Psiquiatría como de la Psicología, por medio de las cuales se inventan trastornos mentales. Las prácticas clínicas, se excusaría decir, forman parte de todo un entramado que incluye la investigación científica, la industria farmacéutica, el estatus de los profesionales implicados, la política sanitaria, la cultura clínica mundana y, en fin, la sensibilidad de los pacientes.

Lo que se pone de relieve por todos los lados es que los «trastornos mentales», lejos de ser las supuestas entidades naturales de base biológica que buena parte de la clínica actual pretende hacer creer, serían entidades construidas de carácter histórico-social, más sujetas a los vaivenes de la vida que a los desequilibrios de la neuroquímica. El hecho de que sean entidades construidas no priva para nada a los trastornos de entidad real. Ahora bien, su carta de realidad sería de otro orden, más del orden de los problemas de la vida que de la biología y de la persona que del cerebro.”

Fijaros el siguiente juego:

  • No eres tímido, lo que tienes es fobia social
  • No tienes miedo a tus primeros días de colegio, lo tienes es fobia escolar
  • No tienes excesivas preocupaciones, lo que tienes es ansiedad generalizada
  • No estás triste sino que tienes depresión

Aparentemente podría ser lo mismo, ¿verdad? La única diferencia podría ser el tipo lenguaje utilizado, la primera parte es lenguaje cotidiano y la segunda, lenguaje clínico sanitario. Pero claro eso sólo es en apariencia.

Cuando empezamos a cambiar emociones reales, cotidianas de la vida, que todos en algún momento hemos sentido, y las convertimos en un trastorno mental, estamos dando un campo abonado para que la industria farmacéutica siga y siga creciendo, medicando cualquier situación de la vida.

Como psicóloga clínica soy defensora de los psicofármacos, hay que entenderlos dentro del espectro de medicamentos como los más seguros. Pero una cosa es el uso racional de los mismos, que no es otro que aliviar el sufrimiento de las personas que están pasando por un trastorno mental, y otra cosa es que ante cualquier situación de la vida, el BIG FARMA quiera que cambiemos esas emociones por trastornos, como el que cambia cromos. Aquí es donde está la perversión del sistema. En la medida que coloquemos títulos “médicos” a las emociones, y las convirtamos en trastornos, con la tentación de la cronificación, nos encontraremos con una población con trastornos mentales con elevado consumo de psicofarmacología. ¿Es esto el abordaje más interesante para conseguir la senda del equilibrio psicosomático de la población?

Yo estoy convencida de que ese no es el camino, ¿tú?

Fdo. María Elena Amo

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